ISSN 2709-9164

https://doi.org/10.53940/reys.v6i12.222Vol. 6(12) 2025

 

Infancias migrantes venezolanas: un estudio de caso sobre sus travesías hacia Bogotá, Colombia

 

Venezuelan migrant children: a case study of their journeys to Bogotá, Colombia

 

Martha Liliana Linares Alvarado1  y Oscar Fernando Forero Londoño2

 


 

 

 

 

Linares, M. y Forero, O. F. (2025). Infancias migrantes venezolanas: un estudio de caso sobre sus travesías hacia Bogotá, Colombia. Revista Educación y Sociedad, 6(12), 11-28. https://doi.org/10.53940/reys.v6i12.222

Artículo recibido: 14-06-2025

Artículo aprobado: 12-10-2025

Arbitrado por pares

Resumen

La presente investigación se preocupó por identificar los alcances que tiene el desplazamiento en las infancias que migran y su impacto en la escuela. Con un enfoque cualitativo y empleando un estudio de caso en dos colegios de Bogotá, se diseñó una estrategia metodológica para el encuentro con la población. Se realizaron ocho grupos focales, entrevistas a profundidad y una encuesta con intención descriptiva a tutores migrantes venezolanos de los colegios focalizados. Los resultados describen las relaciones entre los capitales sociales y académicos que configuran la vida de las infancias y sus familias durante la travesía.

Palabras clave: trayectoria, infancias migrantes, estrategia NAM, mochila viajera, burbuja migratoria

Abstract

The research aimed to identify the impact of displacement on children who migrate and its impact on the school. Using a qualitative approach and a case study in two schools in Bogotá, a methodological strategy was designed to engage with the population. This included eight focus groups, in-depth interviews, and a descriptive survey of Venezuelan migrant tutors at the targeted schools. The results describe the relationships between social and academic capital that shape the lives of children and their families during the journey.  

Keywords: trajectory, migrant childhoods, NAM strategy, traveling backpack, migration bubble


[1] Docente, Secretaría de Educación de Bogotá, Colombia  mlinares30@uan.edu.co         https://orcid.org/0000-0003-0077-5220

2 Catedrático, Universidad Antonio Nariño, Colombia oforero88@uan.edu.co          https://orcid.org/0000-0002-8425-3560

Notas de Autor:

El artículo hace parte de la tesis “Las trayectorias sociales y la inclusión escolar de las infancias migrantes venezolanas: construcción social de un problema público educativo en Bogotá” para Optar al Grado de Doctor en Ciencias de la Educación de la Universidad Antonio Nariño Bogota - Colombia.

Introducción

La movilidad venezolana hacia Colombia se ha configurado a partir de distintas oleadas migratorias a lo largo del tiempo, siendo la asociada a la crisis social, política y económica iniciada en 2015 la que produjo uno de los mayores desplazamientos humanos registrados en la región en las últimas décadas (Linares & Forero, 2024). Estos movimientos han dado lugar a recorridos transfronterizos continuos entre ambos países, cuyos trayectos dejan marcas persistentes en los territorios y en las biografías de quienes los transitan. Como plantea Tarrius (2000), dichas movilidades generan huellas espaciales y temporales vinculadas a los desplazamientos, las reconfiguraciones territoriales y las dinámicas de instalación y desinstalación, las cuales se entrelazan con memorias, emociones y vínculos sociales que, según las condiciones del tránsito, pueden fortalecer o debilitar los capitales sociales de las personas migrantes.

En este escenario regional, Colombia se ha consolidado como el principal país receptor de población migrante y refugiada venezolana, concentrando una parte significativa de esta movilidad humana (Organización Internacional para las Migraciones [OIM], 2024). Esta condición ha convertido al país en destino de múltiples trayectorias migratorias con características diversas, lo que hace necesario comprender la dinámica del desplazamiento desde la propia experiencia de movilidad. Analizar el fenómeno desde esta perspectiva permite no solo caracterizar sus particularidades, sino también orientar el diseño de estrategias institucionales orientadas a la acogida, integración e inclusión de las personas que migran.

En el caso de las infancias migrantes, estas trayectorias se desarrollan acompañadas por adultos que movilizan distintos tipos de capital durante el recorrido y en el proceso de asentamiento en el país receptor. En consecuencia, los acontecimientos que atraviesan la experiencia migratoria inciden directamente en la transformación de las condiciones de vida de las familias, habilitando o restringiendo los recursos simbólicos, sociales y materiales con los que niños y niñas ingresan a nuevos espacios sociales.

Desde esta perspectiva, el concepto de trayectoria social de la infancia migrante permite comprender las posiciones que niños y niñas, junto con sus familias, van ocupando de manera sucesiva en contextos sociales en constante transformación (Bourdieu, 2011). Analizar la vida infantil a partir de las relaciones objetivas que se configuran en los espacios recorridos posibilita entender cómo se estructuran los capitales con los que la niñez migrante enfrenta lo desconocido, lo imprevisto y las exigencias propias del nuevo entorno. En este sentido, Criado (2010) señala que la infancia no se socializa en un marco cultural homogéneo, sino que se desarrolla en un entramado de relaciones atravesadas por influencias diversas y, en ocasiones, contradictorias.

El éxodo venezolano se presenta, además, como un fenómeno socialmente heterogéneo, en el que convergen personas provenientes de distintos estratos sociales y económicos que, debido a la crisis estructural del país, se ven obligadas a migrar con recursos económicos limitados o inexistentes. Esta situación favorece la elección de destinos cercanos geográficamente, como Colombia, lo que ha implicado para el país receptor una transformación en su enfoque y en sus estrategias de política migratoria. Tal como señalan Ramos y Rodríguez (2019), la llegada masiva de población venezolana evidenció la ausencia de un marco normativo actualizado, dado que Colombia históricamente no había sido un destino prioritario de grandes flujos migratorios.

No obstante, el análisis de la migración infantil no puede limitarse a los procesos de recepción e integración en los países de destino. Resulta igualmente relevante examinar las condiciones sociales de origen y las experiencias que marcan la movilidad de niños y niñas. En este punto se sitúa el eje central del presente estudio, orientado a comprender las trayectorias sociales de las infancias migrantes en el contexto de la oleada venezolana posterior a 2015.

Desde esta perspectiva, es fundamental abordar la migración infantil sin desvincularla de la condición misma de la niñez. Al tratarse de sujetos que experimentan desplazamientos forzados, los niños y niñas se encuentran expuestos a múltiples formas de vulneración, las cuales han sido reconocidas por distintos marcos jurídicos internacionales, particularmente en relación con la protección de sus derechos fundamentales (Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2003).

A estas condiciones se suman las vulnerabilidades específicas que enfrentan niños y niñas durante las travesías migratorias, especialmente en contextos de tránsito prolongado y movilidad precaria. La experiencia del éxodo venezolano ha implicado desplazamientos mediante diversos medios de transporte, así como recorridos a pie de larga duración. La OIM ha señalado que factores como el temor a la denuncia, las barreras lingüísticas y las experiencias de discriminación limitan el acceso de la niñez migrante a servicios básicos y dificultan el establecimiento de vínculos con las comunidades de paso (OIM, 2024). De manera complementaria, Del Castillo et al. (2020) advierten que estas condiciones generan impactos físicos y emocionales en la infancia, asociados a la fatiga, la desnutrición, los riesgos de seguridad y la ausencia de estímulos adecuados para su desarrollo.

Estas experiencias acumuladas contribuyen a la conformación de esquemas de percepción que las infancias en éxodo elaboran a lo largo de sus trayectorias, configurando formas particulares de comprender y habitar el mundo. Lejos de constituir una niñez homogénea, estos procesos dan lugar a una infancia diversa, atravesada por múltiples experiencias de movilidad y adaptación.

De este modo, las trayectorias sociales de la niñez migrante se entrelazan con las condiciones emergentes del desplazamiento, lo que hace pertinente analizar los capitales sociales, culturales y escolares que acompañan a las familias en tránsito. Desde el contexto educativo colombiano, esta mirada relacional permite comprender la escolarización de estudiantes migrantes no como un proceso aislado de su realidad social, sino como una experiencia situada, en la que niños y niñas portan saberes, memorias y narrativas que enriquecen los espacios escolares y desafían las lecturas deficitarias de la migración.

Si bien los autores han desarrollado investigaciones previas sobre la experiencia migratoria venezolana en Colombia, estos trabajos se han centrado principalmente en la reconstrucción de trayectorias infantiles y en el desarrollo de la Estrategia NAM como dispositivo metodológico para la producción de narrativas migrantes en contextos educativos (Linares-Alvarado & Forero-Londoño, 2025). Dichos estudios priorizaron la comprensión de las voces infantiles y los procesos de significación asociados a la migración, sin profundizar de manera específica en el papel de la escuela dentro de los procesos de reproducción social ni en las formas de estigmatización presentes en el ámbito educativo.

El presente manuscrito se distancia de estos antecedentes al situar el análisis en las tensiones entre capitales familiares, desigualdad estructural y escolarización, incorporando la noción de aporofobia como categoría analítica para interpretar las experiencias de exclusión que atraviesan la vida escolar de las infancias migrantes venezolanas en Bogotá. Desde este enfoque, el artículo amplía la discusión hacia dimensiones educativas y sociales no exploradas previamente, articulando las condiciones materiales del asentamiento migratorio con los significados que familias y niños atribuyen a la escuela, entendida simultáneamente como espacio de integración y de reproducción de desigualdades (Cortina, 2017).

Metodología

La investigación de corte cualitativo y un enfoque basado en un estudio de caso tuvieron como objetivo: relacionar las trayectorias sociales de las infancias migrantes con la configuración social de la migración infantil para comprender los procesos de su inclusión escolar como un problema público educativo. Este método resultó apropiado al identificar las experiencias de los niños y niñas entre 6 y 12 años a lo largo de las travesías migratorias y sus vínculos con los procesos escolares en el país de acogida.

La investigación se desarrolló en dos instituciones educativas oficiales de la ciudad de Bogotá, ubicadas en localidades con alta presencia de población migrante venezolana y condiciones de vulnerabilidad socioeconómica. Para efectos de confidencialidad y resguardo ético, estas instituciones se referencian en el estudio como Escuela 1 y Escuela 2. Ambos escenarios corresponden a contextos escolares urbanos en los que la migración ha transformado de manera significativa la composición estudiantil y las dinámicas de inclusión educativa, lo que permitió analizar comparativamente las experiencias escolares de las infancias migrantes en relación con sus trayectorias sociales y educativas.

Para el encuentro con la población, se implementó una propuesta metodológica denominada Estrategia NAM (Narrativas Migrantes), cuyos tiempos de ejecución se desarrollaron entre los meses de febrero y octubre de 2024.

La estrategia NAM buscó que las voces de las infancias tuviesen un papel protagónico en el ejercicio investigativo a partir de 4 espacios de intervención denominados: encuentros, exploratorios, recorridos y desplazamientos y transformaciones[1], Estos espacios se lograron a partir de ocho grupos focales donde se recopiló información sobre tres puntos de inflexión[2]:  el origen social, la trayectoria migratoria y las estrategias de reproducción social.

Para el desarrollo de la Estrategia NAM, los investigadores se apropiaron de algunas técnicas que provee un enfoque empleado para captar información en niños menores de doce años denominado Mosaic Approach[3]. Este enfoque propone didácticas asociadas a la suma de información que el niño o la niña aporta tanto en sus expresiones gráficas, corporales, como en sus relatos. Las didácticas empleadas para el presente artículo fueron el juego de roles y el retrato social, acudiendo a los momentos dos y tres de la estrategia NAM, a saber: exploratorios y recorridos, así como al punto de inflexión: trayectoria migratoria, dando respuestas a las preguntas: ¿Por qué emigré? Y ¿Qué lugares recorrí?

En el marco de la Estrategia NAM, se desarrollaron ocho grupos focales con niñas y niños entre 6 y 12 años, organizados en distintos momentos metodológicos. Para el análisis presentado en este artículo se retoman particularmente los momentos denominados exploratorios y recorridos, en los cuales se emplearon técnicas participativas como el juego de roles y el retrato social. Estas estrategias permitieron reconstruir narrativas asociadas a dos puntos de inflexión clave: la decisión de migrar y la experiencia del trayecto migratorio, favoreciendo la expresión de memorias, emociones y significados desde la perspectiva de la infancia.

Las voces de los niños que participaron en la estrategia NAM, fueron ampliadas por sus tutores o padres, quienes concedieron 8 entrevistas en profundidad.

Además de lo expuesto, se desarrolló una encuesta con intención descriptiva a 114 padres, tutores o acudientes de estudiantes con origen venezolano, matriculados en ambas instituciones educativas.  La encuesta realizó preguntas abiertas y cerradas, la información relacionada en ella da cuenta del último año del entrevistado y su hijo(a) vivido en Venezuela (origen social), de las experiencias dadas desde que toman la decisión de salir hasta su llegada a Bogotá (trayectoria migratoria), y un último momento de la encuesta tiene en cuenta preguntas que hablan de los últimos tres años vividos por la familia y los niños matriculados en los dos colegios (estrategias de reproducción social). Para el análisis de esta información se empleó el programa MAXQDA.

Figura 1

Esquema de la Estrategia NAM (momentos / puntos de inflexión)

Nota. La figura sintetiza los cuatro momentos metodológicos de la Estrategia NAM (Narrativas Migrantes) y sus puntos de inflexión analíticos.

Los códigos y segmentos codificados se examinaron con la herramienta mapa de código; con ella se logró relacionar cada pregunta con la respuesta conforme a su similitud, es decir, cuán más similares eran en términos de su uso en los datos, más cerca se agruparon en el mapa.

El tamaño de los círculos indica la mayor asignación de participantes en relación con las respuestas dadas.

Las líneas de conexión indican similitudes entre códigos, así, por ejemplo, entre más cercanas las líneas y los puntos a la variable central, más similitud y más amplia la participación. Además de lo especificado, los códigos también evidencian el número de veces que los participantes optaron por una respuesta. (observa la figura 01).

Esta herramienta de codificación posibilitó encontrar relaciones en la encuesta más allá de los porcentajes.  La encuesta se presenta con nodos que indican los nexos entre las variables además de agrupar y organizar la información en relación con la categoría trayectoria social.

 

Resultados

Se presentan a continuación los hallazgos en función del punto de inflexión trayectoria migratoria, construidos a partir de las relaciones expresadas en los grupos focales desde el momento dos y tres de la estrategia NAM y las voces ampliadas de padres, madres o tutores que participaron en las entrevistas a profundidad. También se emplea el análisis de la encuesta con intención descriptiva realizada a 114 padres y/o tutores de estudiantes migrantes matriculados en los colegios focalizados.

Los datos obtenidos se organizan en torno a cuatro ejes: primero, las relaciones y capitales de la población migrante venezolana participante en el estudio; segundo, la presentación del punto de inflexión trayectoria migratoria desde la categoría tomar la decisión de migrar; el tercero, describe las relaciones de la infancia migrante venezolana y la travesía con su mochila viajera; Un último eje expone a los menores de doce años en condición migratoria como una infancia en burbuja.

El problema es de pobreza: travesías migratorias de las infancias y sus familias

“El problema no es entonces de raza, de etnia ni tampoco de extranjería”.

Desde la perspectiva de Cortina (2017), las dinámicas de rechazo hacia las poblaciones migrantes no se explican principalmente por diferencias étnicas o nacionales, sino por la condición de pobreza, la cual opera como un factor central de exclusión social y educativa.

La ciudad de Bogotá se ha convertido en un lugar de recepción para un alto flujo de migrantes venezolanos, quienes en su mayoría se ubican en zonas con estratos socioeconómicos bajos y medios, configurando así las comunidades y espacios académicos de localidades como Kennedy, Bosa, Fontibón, Usaquén, Suba y Engativá. Estos lugares son elegidos para la vivienda, la educación y el trabajo de los nuevos bogotanos[4], como han sido llamados los migrantes venezolanos por algunas entidades distritales

La población migrante venezolana en Bogotá se concentra principalmente en localidades como Bosa, Kennedy, Ciudad Bolívar, Suba y Engativá, territorios caracterizados por condiciones de vulnerabilidad socioeconómica y alta presión sobre la oferta educativa, lo que incide directamente en los procesos de escolarización de niñas y niños migrantes (Secretaría Distrital de Integración Social, 2023).

Las 114 personas que formaron parte de la encuesta con intención descriptiva habitan dos sectores de Bogotá, la escuela 1, ubicada en la localidad de Bosa, al sur occidente de la ciudad, y la escuela 2, la cual se encuentra al nororiente del Distrito Capital.

 

Figura 2

Distribución de edad y género de las personas encuestadas.

 

Los participantes, migrantes venezolanos que han llegado al país después del año 2015, en su mayoría población joven y con alta tendencia femenina, evidencian  que la presencia en los procesos de formación en el hogar y en la escuela  tienen  en la mujer un rol  definido, no solo por el cuidado y  la crianza de sus hijos, sino porque han sido líderes en las decisiones de emigración, han enfrentado las travesías y  han acompañado a los menores en los avatares propios del arribo e integración en las comunidades de acogida. Según Migración Colombia, a marzo de 2024:

“El 51% de las personas venezolanas que llegaron a Colombia y las colombianas que regresaron al país eran mujeres, muchas de ellas a cargo de los hogares y con elevadas responsabilidades de cuidado, muchas de estas “transnacionales” porque, aunque se encuentran en Colombia, continúan siendo responsables de parte de su familia en el país de origen” (Organización de las Naciones Unidas, ONU, s.f.).

Esta posición de la mujer está directamente relacionada con la trayectoria social de la infancia que migra. Es desde lo femenino que se atiende a las problemáticas que subyacen al desplazamiento. La demanda de alimentación, educación, salud y vivienda recae sobre las madres. Desde este lugar cabe interpretar que, la illutio[5] de la mujer migrante, que es madre y cabeza de familia, está centrada en la búsqueda de capitales que satisfagan la calidad de vida y el bienestar de sus hijos, desligando apuestas por el aumento de capitales propios, que pasan a ser, capitales comunes, familiares o nucleares.

 

Figura 3

Nivel de escolaridad de padres, madres o tutores al momento de la migración.

 

 

 

El capital académico con el que emigran las familias encuestadas de origen venezolano presenta una composición heterogénea; no obstante, se identifica que un porcentaje significativo de madres y padres ha accedido a formación técnica o profesional. Desde una perspectiva relacional, este indicador permite comprender que las familias con mayores capitales académicos tienden a priorizar la educación de sus hijos e hijas, invirtiendo en ella tanto los recursos disponibles durante los trayectos migratorios como aquellos a los que acceden en el país receptor.

El análisis pone en evidencia que el origen familiar, asociado a distintos volúmenes de capital académico, incide en la manera en que se configuran los procesos de inclusión escolar de las infancias migrantes. En este sentido, Bourdieu (1998) sostiene que las desigualdades sociales no se explican únicamente por la distribución de los recursos económicos, sino también por la transmisión de disposiciones culturales, esquemas de pensamiento y formas de acción que influyen en las decisiones y trayectorias de los sujetos. Desde esta perspectiva, los capitales académicos y culturales heredados orientan la búsqueda de mejores condiciones de vida mediante la educación, convirtiéndose en un elemento explicativo de las decisiones adultas en torno a la elección del lugar de destino. En el caso de Bogotá, esta ciudad ofrece no solo oportunidades laborales, sino también el acceso a la educación pública y a programas de atención social que contribuyen a responder a necesidades fundamentales de formación y alimentación de la niñez migrante.

Los datos de la encuesta evidencian que la mayoría de las familias migrantes arribaron al país con recursos económicos limitados o inexistentes, situación que condicionó las decisiones residenciales, laborales y escolares, y profundizó las desigualdades en el acceso a oportunidades educativas desde el inicio del proceso migratorio.

El acumulado de capitales económicos de los que dispone un migrante habla de las prospectivas de movilidad en el recorrido y arribó al lugar de destino, Desde la perspectiva de Bourdieu (2000), el capital puede entenderse como el resultado de un proceso de acumulación histórica de trabajo, que se expresa tanto en formas materiales como en disposiciones interiorizadas e incorporadas por los sujetos. La posesión de capital por parte de individuos o colectivos no solo implica la concentración de recursos, sino también la posibilidad de movilizar y apropiarse de energía social ya sea a través del trabajo vivo o mediante formas de trabajo objetivado que circulan en los distintos campos sociales. En la población encuestada se observa que, el acumulado de capital económico al momento de migrar es escaso. Las condiciones económicas de expulsión dada la migración en crisis de Venezuela pueden comprenderse a través de una búsqueda de condiciones de vida equiparables a las que la sociedad venezolana tenía finalizando el siglo XX, la apuesta por el éxodo y los factores de atracción de la nación colombiana para alcanzar de manera cercana y posible esta idea con poco capital económico, define en gran medida la configuración de estos flujos migratorios. En efecto, el capital económico hace que los canjes necesarios para la sobrevivencia en los difíciles recorridos dados con las rutas migratorias, en especial, cuando se transita con niños y niñas, no conlleven a riesgos y azares que representen un menoscabo del bienestar y desarrollo de las personas. 

Las trayectorias migratorias estuvieron marcadas por múltiples dificultades, entre ellas la escasez de recursos económicos, la ausencia de redes de apoyo y experiencias de discriminación, elementos que inciden posteriormente en la inserción escolar y en la percepción de pertenencia en los contextos educativos de acogida.

En el plano económico, el proceso de movilidad se articula con dinámicas donde la configuración del capital puede presentarse desde tres perspectivas:

1.         La inversión del capital económico en los recorridos es más alta que el acumulado inicial, lo anterior conlleva a la búsqueda de trabajos en los lugares del recorrido con el objetivo de subsistir y llegar al lugar de destino. Los caminos y las necesidades con las cuales se van encontrando las personas en movilidad exigen la adaptación a una nueva estructura social, política y económica difícil de comprender en los esquemas de pensamiento de quien migra, Valdés et al. (2017) señalan que la pobreza percibida motiva la migración en busca de mejores oportunidades laborales, aunque este proceso suele estar acompañado por experiencias de marginación, segregación y violencia, derivadas tanto de la separación familiar como de las dificultades propias del trayecto migratorio.

2.        El escaso volumen de capital económico suscita que, la población migrante engrose las comunidades pobres y vulnerables del país receptor, esto conlleva a que se fortalezcan las percepciones del migrante pobre como peligroso y, por ende, que no sea aceptado en las sociedades de destino, incluyendo las instituciones educativas. Según Cortina (2001), el rechazo hacia las personas migrantes pobres no responde a xenofobia, sino a una aversión vinculada a la pobreza, ya que la incomodidad social se produce cuando estos grupos son percibidos como carentes de recursos y generadores de problemas para la sociedad receptora.

Esta posición determina las percepciones que se tejen para los que llegan y los nativos, se entiende que el capital económico es decisivo para la inclusión o exclusión del migrante. Es desde esta manifestación aporofóbica que los venezolanos pobres se han insertado en las comunidades colombianas, con ecos notorios en espacios como la escuela.

La escasa percepción de una presencia estatal y social que formalice redes de apoyo durante la travesía migratoria, sumada a las separaciones familiares que se producen antes, durante y después del desplazamiento, sitúa la privación económica como una de las principales causas que impulsan la búsqueda de recursos para lograr la inserción en los espacios sociales de destino. En este contexto, Argüello (2020) advierte que en países receptores como Colombia la llegada significativa de población migrante y de sus familias demanda la formulación de políticas públicas integrales, acompañadas de planes y programas específicos y articulados, capaces de responder a la complejidad de las circunstancias que atraviesan estas poblaciones, especialmente cuando se trata de niños y niñas en situación de movilidad.

Lo anterior descubre la necesidad de un estado que acompañe los caminos y que, en lo colectivo, capte la complejidad que expresan las realidades del migrante, en especial los menores de edad, quienes atraviesan los universos de las normas que imponen las instituciones estatales, y que como pasajeros de los viajes que han emprendido sus familias, adaptan y aprehenden de los múltiples atributos que se proyectan en sus andares.

Tomar la decisión de migrar

“¿De dónde somos? Somos del lugar donde nacimos y del lugar donde vivimos…”

Desde la perspectiva del recorrido, la migración no se inicia con el desplazamiento territorial, sino que se gesta previamente en un entramado de condiciones sociales, económicas y simbólicas que influyen en la decisión de salir del lugar de origen. En este sentido, Alfaro et al. (2017) advierten que persiste un vacío analítico en torno a cómo se configura la decisión de emigrar, los recursos de los que se valen las personas en movilidad y las negociaciones que emergen entre los distintos actores que intervienen en el proceso, ya sea para promover o restringir el desplazamiento.

A partir de esta aproximación, los participantes del estudio han señalado que migraron por problemáticas asociadas a decisiones personales. Sin embargo, el carácter relacional con el cual la investigación presenta los hallazgos encuentra que, el impacto del momento histórico vivido en Venezuela durante la primera y segunda década del siglo XXI es un motor de influencia para tomar la decisión de salir, así lo expresan tres de las participantes en las entrevistas a profundidad:

“Teníamos una posición económica muy diferente a la que en algún momento pudimos llegar a tener en Venezuela, porque nuestra casa la invadieron, entonces perdimos esa propiedad, al no tener nada, ¿para qué nos quedábamos, si el gobierno era el culpable de todo? “(Escuela 2. EP Participante: RTP3).

“Tomamos la decisión de venirnos en el 2018, porque pues vivíamos en Caracas y ya estaba la situación de escasez, digamos que todo estaba muy costoso, además, lo que más nos motivó para decidir venirnos fue porque vivimos un secuestro en Caracas y el tema de la delincuencia era muy real en todo lado” (Escuela 2. EP Participante: RTP1).

“Yo tome la decisión de venir a Colombia porque muchos colombianos también fueron recibidos en Venezuela en la época de los narcos, entonces ¿porque ahora no nos dan una mano? “(Escuela 1. EP Participante: RTP3).

La crisis venezolana y el éxodo que se intensificó en la segunda década del siglo XXI han atravesado las narrativas de quienes migran, configurando la movilidad como una respuesta a condiciones estructurales adversas. En este contexto, Soto-Alvarado et al. (2022) plantean que los factores que impulsan la migración actúan de forma transversal, al articular la inseguridad asociada a la violencia y al deterioro de la seguridad pública con la profunda inestabilidad económica que limita las posibilidades de subsistencia en el país de origen.

La movilidad fronteriza colombo-venezolana se sustenta en una legitimidad histórica construida a partir de vínculos sociales compartidos entre ambos países. En este sentido, Juste (2019) plantea que el derecho a migrar y a retornar al país de origen constituye un derecho fundamental, inscrito en una memoria colectiva de acogida y reciprocidad, derivada de los flujos migratorios colombianos hacia Venezuela en las décadas finales del siglo XX, lo que refuerza la solidaridad entre ambas naciones.

La infancia migrante, por su parte, hace una lectura de este punto de inflexión desde la relación familia-crisis.  Así, los discursos que emanan de los adultos al respecto de la situación de Venezuela en medio de la coyuntura política, social y económica, se trasladan a los relatos de los menores que han contemplado y escuchado los sucesos. De este modo presenta la participante del grupo focal esta relación en el momento juego de roles:

Figura 4

Representaciones gráficas de la familia y del origen–destino en las narrativas de infancias migrantes

Nota. Dibujos elaborados por niños y niñas participantes de la Estrategia NAM durante el momento exploratorio y de juego de roles, en los que se representan vínculos familiares, el país de origen y el país de acogida. Elaboración propia.

“Mi familia y yo decidimos salir de Venezuela por temas económicos, mi país estaba mal, por la corrupción y porque sentimos que mis abuelos tenían mucho miedo de seguir viviendo allá, yo pensaba demasiado en mis abuelos, porque éramos muchos para comer en una sola casa y no alcanzaba el dinero, por eso quisiera tener el poder de volar, para ir a visitar a mis abuelos, porque ellos están allá en Venezuela (Escuela 1. GF Juego de roles, Participante: RTJR3. 9 años).

“Mis papás decidieron salir de Venezuela para encontrar mejores trabajos porque no estaba muy bien la economía. Le voy a explicar: teníamos dinero, pero no alcanzaba y estábamos comiendo mal. Yo me daba cuenta de que mis abuelos y mi mamá no comían bien para que mi hermana y yo sí, por eso salimos, sin papeles, sin nada. Yo quisiera tener el poder de hacer aparecer cosas de la nada, como un mago, para tener papeles y dinero” (Escuela 2. GF Juego de roles, Participante: RTJR2).

Las narrativas infantiles reflejan que el Estado venezolano no ofrecía condiciones suficientes para el desarrollo familiar. De acuerdo con Nussbaum (2012), la calidad de vida depende de las capacidades y oportunidades que una sociedad posibilita, por lo que su ausencia restringe las libertades reales de las personas y condiciona sus trayectorias vitales, incluidas las decisiones de migrar.

Las niñas y los niños menores de doce años, al atravesar la experiencia migratoria, reconocen que la decisión de migrar se inscribe principalmente en el ámbito de los adultos responsables, aun cuando ellos se configuran como sujetos de derechos que requieren cuidado y protección. En este contexto, Essomba (2021) advierte que la infancia de origen migrante se desarrolla en escenarios marcados por la fragilidad social y por tensiones estructurales que reflejan las contradicciones del mundo adulto, lo que limita las posibilidades de participación plena de los niños y niñas en los espacios que habitan.

Desde esta perspectiva, Gaitán et al. (2008) sostienen que la niñez en sociedades complejas y atravesadas por condiciones adversas enfrenta restricciones para el despliegue de su voz y de su agencia social, en la medida en que persisten representaciones que la conciben como un sujeto pasivo, subordinado a determinaciones estructurales y a decisiones adulto-céntricas. Estas dinámicas inciden en la invisibilización social de la infancia migrante y en la configuración de procesos progresivos de asimilación dentro de las comunidades receptoras, donde su rol se redefine de manera gradual y condicionada.

En los primeros años de vida, la infancia participante en este estudio se ve inmersa en las decisiones asociadas al éxodo junto a sus familias o tutores adultos, situación que incide en la configuración temprana de sus expectativas, actitudes y formas de comprender el mundo social que habitan. Desde esta perspectiva, Zúñiga (2017) plantea que los niños y niñas no migran en los mismos términos que los adultos, sino que su presencia en los procesos migratorios responde a decisiones externas que los sitúan como sujetos cuya existencia social demanda reconocimiento público, protección institucional y responsabilidad estatal.

En este sentido, la migración infantil no puede comprenderse únicamente como un fenómeno individual o familiar, sino como un problema social que involucra a múltiples actores —migrantes, poblaciones receptoras, agentes estatales y educativos— y que configura un campo de interacciones sociales recíprocas. Estas dinámicas exigen la incorporación de la infancia en la agenda pública, no solo como población en situación de vulnerabilidad, sino como sujetos con capacidad de agencia y con potencial para incidir en procesos de transformación social dentro de las estructuras estatales.

La voz de la niña participante en la estrategia NAM, traduce la tensión de los adultos en este proceso al considerar que:

“Salimos de Venezuela por un tema de dinero, más que nada por eso, porque no nos quedaba dinero, no teníamos money y estábamos sin plata, entonces mucha familia se fue para Colombia y yo me quedé con mi hermana y con mi mamá allá por un tiempo y luego mamá dijo que no podía más y por eso nos vinimos” (Escuela 2. GF Juego de roles, Participante: RTJR4. 8 años).

En suma, los niños y niñas tienen comprensiones y narrativas propias sobre los efectos de la crisis, situación que es trasladada hacia ellos por las preocupaciones de los adultos. En esta posición discursiva, la elección de Colombia como destino migratorio está relacionada para la infancia con la posibilidad de que los padres accedan a un trabajo, a un salario y, en consecuencia, a dinero, que obtengan medicamentos y una mejor calidad de vida. No obstante, estas miradas de la niñez sobre la crisis generan que la infancia lleve sobre sus espaldas los agobios estructurales de una sociedad que no cubre las demandas de trabajo, alimentación, seguridad personal y familiar, fomentando en sus esquemas de percepción la desconfianza hacia el Estado y la sociedad y configurando, por ende, responsabilidades propias de la adultez en edades muy tempranas.

La infancia migrante venezolana y la travesía con su mochila

“La vida de un niño no cabe en una maleta, pero sus sueños sí”

El trayecto migratorio que emprende la infancia venezolana hacia Colombia, junto a sus familias, se configura como una experiencia diversa y compleja, marcada por la extensión de las fronteras, la multiplicidad de paisajes y las distintas formas en que se desarrolla el desplazamiento. Desde esta perspectiva, Moscoso (2008) sostiene que los niños y niñas no solo atraviesan las fronteras en un sentido físico, sino que las incorporan simbólicamente en su experiencia cotidiana, resignificándolas a partir de los procesos sociales y culturales que viven durante el viaje. De este modo, las fronteras se convierten en referentes móviles que los menores interpretan, transforman y amplían conforme a las categorías de sentido que van construyendo en su interacción con los distintos contextos sociales que habitan.

La infancia migrante en su viaje va resignificando la noción de los tiempos presentes vividos en la travesía, sus observaciones, sensaciones y su escucha van dialogando con sus esquemas de pensamiento previos; de esta forma, la infancia lleva consigo una mochila donde va guardando experiencias, narrativas, paisajes, sonidos y silencios que perfilan un acumulado de saberes que dan lugar a identidades diversas. La participante de la estrategia NAM para el momento recorridos y a través del retrato social explica que:

 

Figura 5

Retratos sociales y representaciones del recorrido migratorio en infancias migrantes

Nota. Producciones gráficas realizadas por niños y niñas participantes de la Estrategia NAM durante los momentos de recorridos y retrato social, en las que se expresan experiencias del viaje migratorio, el cuerpo en tránsito y los significados asociados al desplazamiento.

 

“Dibujé mis ojos, mi boca, mis piernas, mis manos y mis maletas, que fue cuando viajamos. Yo tenía dos maletas de colores, pero una la llevaba siempre mamá. En las maletas llevaba ropa y unos juguetes que mi mamá me dejó traer, todo el resto se quedó allá en Caracas. Las maletas las cuidé mucho, porque era lo único que tenía mío. Por el camino me regalaron cosas, cuadernos y colores, y todo lo agarraba y lo ponía ahí. Por eso llegó más pesada a Bogotá” (Escuela 1. GF Retrato Social, Participante: RTJR1. 7 años).

De esta manera, en el marco de la movilidad, las mochilas de los niños y niñas migrantes se convierten en parte de su cuerpo, así, van transformando y madurando sus esquemas de percepción en los distintos espacios sociales y, dotan de sentido a las realidades propias de su niñez.

“Yo me dibujé mi carita y todo mi cuerpo, toda completa, en la carretera con las maletas porque yo estaba en un lugar abierto que se veían las nubes y con mis maletas ahí al lado que veía las nubes. Sí, y hay montes porque nosotros algunas veces no veníamos en autobús y nos tocó caminar por el monte. Dormíamos en la calle, yo le preguntaba a mi mamá porque no dormíamos en una casa y ella siempre nos decía a mí y a mis hermanos que mientras en una casa se veían los techos, nosotros, cuando nos acostábamos, podíamos ver las estrellas” (Escuela 1. GF Retrato Social, Participante: RTJR2. 7 años).

En el tránsito migratorio, la infancia participa activamente en el recorrido físico y simbólico del viaje, siguiendo las decisiones adultas, pero dotando de sentido propio la experiencia. Aunque los adultos definen la dirección y las condiciones del trayecto, los niños y niñas interpretan el desplazamiento como una experiencia cargada de expectativas, sacrificios y proyecciones imaginadas sobre el destino. Desde esta perspectiva, Criado (2010) plantea que las transformaciones sociales derivadas de las rupturas en las trayectorias vitales generan tensiones entre los esquemas previamente incorporados y las nuevas situaciones sociales que emergen durante el desplazamiento. En el caso de la infancia migrante, esta tensión se intensifica al verse expuesta simultáneamente a múltiples contextos de socialización, lo que da lugar a procesos de adaptación, reconfiguración y ajuste de sus esquemas cognitivos y disposiciones sociales frente a las realidades que va habitando.

De acuerdo con lo expuesto, la mochila de la infancia migrante alberga las dificultades del trayecto, que involucran, entre otras, experiencias asociadas al desarraigo, a la vulneración de sus derechos, a la aporofobia y demás situaciones propias de esta migración en crisis. Así lo expone la niña participante del momento de la estrategia NAM: retrato social.

“Me dibujé a mí y todo lo que me gusta y lo que no me gusta de mí. También hice mis maletas cuando venía del viaje. En la cara me hice dos gotas de sudor. Es que las maletas pesaban mucho” (Escuela 2. GF Retrato Social, Participante: RTJR4. 9 años).

La mochila del niño migrante es distinta a las mochilas de otros niños; en la escuela, estas mochilas describen trayectorias cargadas de travesías únicas, que, de ser contadas, revelarían los poderosos relatos de una niñez diversa, que conoce mundos y realidades extraordinarios. Todo lo que estos pequeños cuerpos con sus enormes mochilas han experimentado se reconoce en otros paisajes, otras culturas, otras cosmovisiones y otros lenguajes, formas particulares que le permiten al adulto entender sus vidas. De esta manera retrata su travesía la niña en su retrato social:

“Hice una lona amarilla, tiene ropa y zapatos. Me recuerda cuando viajamos a Bogotá, estuve un tiempo en un internado en Boyacá porque veníamos por los llanos y viajamos todo el tiempo a pie, a veces en bus, también dibujé a mi mamá y mis hermanas, todos debíamos cargar y cuidar las lonas” (Escuela 1. GF Retrato Social, Participante: RTJR4).

Las narrativas construidas por las infancias migrantes permiten comprender cómo las lonas, maletas o mochilas se transforman en símbolos del desarraigo, del tránsito y de la esperanza, al condensar experiencias individuales y colectivas vividas durante la movilidad. Ulloa-Cortés (2021) sostiene que, en contextos de alta vulnerabilidad como el migratorio, la construcción de vínculos significativos resulta fundamental para que niños y niñas otorguen sentido a sus experiencias, especialmente en una etapa vital en la que se configuran dimensiones centrales de su identidad académica, social y cultural. Desde esta perspectiva, las memorias que las infancias resguardan y elaboran en sus relatos se convierten en un punto nodal para comprender los procesos de construcción identitaria que se desarrollan a lo largo del trayecto migratorio.

La infancia migrante amplía los marcos de referencia cuando fusiona las redes sociales de apoyo, sus memorias visuales, sus tiempos y espacios; es desde allí, que ha presentado las narrativas en los distintos momentos de la estrategia NAM, desde sus representaciones rememora y transmite los trayectos articulados con su origen social y su viaje migratorio.

Infancias migrantes en burbuja

“Quiero vivir en una burbuja de amor y paz, pero también salirme de ella para entender el mundo como es”.

Cuando la movilidad fronteriza se desarrolla en edades tempranas, como es el caso de los niños y niñas que participaron del presente estudio, los padres o tutores revelan discursos donde las realidades son contadas desde un marco referencial distinto a las situaciones que subyacen a las problemáticas asociadas al desplazamiento forzoso.

La noción de infancia migrante en burbuja alude a relatos en los que los adultos, desde su rol de agentes protectores, construyen narrativas orientadas a amortiguar los efectos adversos de la movilidad en la vida de niños y niñas, procurando que el desplazamiento no sea vivido como una experiencia traumática. En este sentido, Pérez et al. (2010) señalan que el desplazamiento forzado constituye una experiencia socioespacial compleja, conformada por eventos significativos que interrumpen y reconfiguran las formas de vida previas, dando lugar a trayectorias que inciden directamente en los procesos de socialización primaria. Estas transformaciones impactan de manera particular en la infancia, al modificar los marcos relacionales y simbólicos desde los cuales se construyen sus experiencias cotidianas.

Ante el relato de las interacciones que se sostienen en las entrevistas, permanentemente se demarca la idea de no hablar sobre el lugar de destino. La narrativa de una madre expone los criterios que empleó para explicar el éxodo familiar:

“Los hijos de uno no vivieron lo que uno vivió. Uno aquí los tiene, así, protegidos, porque, ellos no aguantaron hambre en el viaje, estaban al lado de su mamá todo el tiempo y cuando estaba yo mal, lloraba lejos de ellos para que no me vieran. Tampoco les dije que se iban de Venezuela pa’ Colombia. Ellos pensaron que los iba a llevar a la playa, solo cuando llegamos a Boyacá les conté” (Escuela 1. EP Participante: RTP1).

En la misma línea, Arbeláez y Gonzalez (2020) señalan que las narrativas de la infancia no solo comunican aspectos relevantes de la experiencia vivida, sino que median activamente la forma en que niños y niñas interpretan y construyen socialmente su realidad. A través de la observación, la escucha y la valoración de sus propias voces y acciones, los territorios y trayectos migratorios se configuran como escenarios simbólicos desde los cuales la infancia resignifica el viaje, dotándolo de sentidos asociados a la fantasía, la aventura y la experiencia propia de esta etapa del ciclo vital.

“Yo pensaba que viajábamos al mar porque la playa no la conocía. Quería dibujar en la arena y agarrar las conchas. Mi mamá me dijo eso. Entonces, en el camino, solo pensaba en la playa y miraba al cielo y pensaba que ya casi estaba llegando allá. Pero mi mamá me dijo mentiras para que yo anduviera tranquila” (Escuela 2. GF Retrato Social, Participante: RTJR1. 10 años).

Ante este marco de apreciaciones, la burbuja funciona como un dispositivo simbólico que separa a la infancia de los esquemas incorporados por los adultos y amortigua la ruptura, el cambio y el dolor asociados al desarraigo migratorio. En este sentido, Bourdieu (2005) sostiene que la transformación de la realidad social depende también de la capacidad de modificar las representaciones que los sujetos construyen sobre ella. De esta manera, cuando la narrativa del tránsito es mediada por la voz de padres o tutores, la experiencia migratoria de niños y niñas se resignifica a través del agente protector, configurando una realidad filtrada que busca preservar la estabilidad emocional de la infancia durante el trayecto.

De esta manera, la coexistencia de dos esquemas de percepción: el que emite el adulto y el que construye el niño y la niña a partir del lugar donde se objetivan sus representaciones personales, se traduce en los elementos constitutivos de su trayectoria de vida.

No obstante, en las narrativas de la infancia se decantan otras formas de vivir en la burbuja migratoria, la infancia considera los discursos de los adultos, los asume y los valida, pero también en sus modos de entender las realidades  circundantes son capaces de identificar las complejidades de la travesía, de esta manera, guardan silencio, asumen las condiciones y avanzan en el recorrido con las emociones contenidas para considerar las pesadas cargas que llevan los adultos, sin embargo, su carga también se vuelve tediosa, porque abraza el miedo y el silencio, así lo manifiestan los niños y niñas  en los relatos:

“Sabía que mamá no me decía lo que estaba pasando, solo le decía a mi hermana mayor, pero ella me contaba y yo me quedaba callada para que no regañaran a mi hermana, También vi a mamá llorar en el camino, ella pensaba que yo no la veía, pero si, por eso quiero crecer rápido, trabajar y comprarle una casa” (Escuela 1. GF Retrato Social, Participante: RTJR3).

“En el viaje nos fue bien, andaba muy callada todo el tiempo porque mamá dijo que no hablara con las otras personas. Como no tenía con quién hablar, dibujaba en un cuaderno que me regalaron, dibujaba lo que había donde mi abuela en Maracaibo y dibujaba lo que veía en el viaje. Yo era juiciosa porque mamá estaba muy angustiada por todo, le ayudé mucho estando bien portada para que llegáramos bien aquí a Bogotá” (Escuela 1. GF Retrato Social, Participante: RTJR4).

De acuerdo con las entrevistas realizadas, se observa que el lenguaje y la intención con la cual el adulto acompañante dispone las relaciones y diálogos con sus hijos durante la travesía, busca no solo minimizar el impacto cultural inherente a estos procesos, sino evitar riesgos  como: la ausencia de documentos y  las tensiones derivadas en el encuentro con autoridades, las relaciones con las personas que los transportan y que exigen el silencio de los niños o evitar el llanto, la angustia y demás patrones de comportamiento de los menores cuando se les aleja de un espacio social importante.  Esto se evidencia en el relato de las entrevistadas al mencionar que:

“Siempre trataba de disfrazarles la verdad, hablársela bonito para la edad que ellos tenían. El hermano, como era de 15 años, entendía todo, pero los más pequeños no.  Yo siento que ahorita que ellos saben la verdad, no están viviendo su niñez como la deberían vivir” (Escuela 1. EP Participante: RTP3).

“Cuando fuimos a cruzar ahí, la frontera, el río, les tuvimos que decir a los niños que íbamos a un hospital, no que íbamos aquí a Colombia, sino que íbamos a visitar a un familiar y íbamos a una Cruz Roja, que estaba cerca de un río. Que, si en algún momento alguna persona les preguntaba, que le dijera la verdad, que esa era la verdad. En ningún momento le dijimos que veníamos a Colombia a ver a su abuela, porque a veces migración para los carros y al ver inconsistencia retienen a los niños, meten presa a las personas, a veces le ponen cargos que no son” (Escuela 2. EP Participante: RTP4).

Un ámbito que exacerba la vulnerabilidad de las familias migrantes es el miedo, frente al cual la burbuja se configura como una coraza simbólica que busca proteger a los niños y niñas de los temores asociados al desplazamiento. En este marco, Janin (2022) plantea que los lazos sociales y los discursos culturales compartidos establecen modos de pensamiento que se construyen en interacción con otros y que son progresivamente interiorizados por la infancia. Estas tramas relacionales inciden en la manera en que los niños articulan su experiencia migratoria, configurando imaginarios que pueden ser esperanzadores o, por el contrario, atravesados por la incertidumbre, y que se expresan a través de los recursos emocionales y narrativos que cada uno logra movilizar.

Como se observó en los extractos, la burbuja con la cual viajan las niñas y los niños a lo largo de los caminos migratorios insta a una supuesta protección para el mundo de la infancia. El adulto asume las dificultades y problemáticas con la intención de generar una trayectoria migratoria que los salvaguarde. La infancia, a su vez, permanece en la burbuja porque se siente amparada. No obstante, la niñez se hace consciente de sus realidades y de cuando en vez debe salir de la burbuja para acompañar las crisis propias de la travesía, tomar posición frente a los problemas y sobrellevar las condiciones que les imponen los caminos del éxodo.

En suma, la infancia migrante que llega a las instituciones educativas trae consigo un acumulado de experiencias dadas en la travesía migratoria, dentro de estos avatares se pueden contar las vulneraciones a sus derechos, las historias que sus mentes recrean con los paisajes que observan, las reflexiones producto de los silencios obligados, las ideas de travesía que  resultaron ser enunciados falsos, los sueños que se plasmaron en dibujos, y tantas otras percepciones que llenan la mente de la niñez que migra. Lo anterior lleva a la escuela y a los agentes allí involucrados a preguntarse por estos aprendizajes, que no son otra cosa que capitales sociales que entran a jugar en un espacio social donde necesitan ser integrados e incluidos para reconocer las cosas dichas y aquellas que se han instaurado en la memoria de una niñez única y diversa.

Conclusiones

Las relaciones establecidas en el proceso de investigación dan cuenta de la illutio del migrante con los capitales que posee, primero para tomar la decisión de emigrar, luego para llevar a cabo esta movilidad con niños y niñas en edades tempranas y, finalmente, para enfrentar el éxodo en condiciones marcadas por la reducción de los volúmenes de capital, la necesidad de documentos que acrediten la legalidad en el país receptor y la incertidumbre que caracteriza los trayectos prolongados. Estos hallazgos dialogan con los planteamientos de Bourdieu sobre la reproducción social, al evidenciar cómo los capitales económicos, sociales y culturales se reconfiguran —y en muchos casos se erosionan— durante la experiencia migratoria, incidiendo de manera directa en las trayectorias familiares y educativas.

La investigación apela a la metáfora de la mochila viajera para explicar la manera en que se configuran los esquemas de percepción de la infancia migrante en las movilidades fronterizas. Este recurso analítico permitió comprender cómo las experiencias vividas durante la travesía se incorporan tempranamente en las narrativas infantiles y median la forma en que niños y niñas interpretan su realidad, aproximando el análisis a relaciones primarias de injusticia y vulnerabilidad. Estos resultados se articulan con estudios sobre infancia migrante que destacan la centralidad de la experiencia vivida y la agencia infantil en contextos de movilidad y precariedad.

La implementación de la Estrategia NAM posibilitó reconocer trayectorias infantiles atravesadas por capitales sociales particulares, vulnerabilidades estructurales y percepciones propias sobre la migración, hallazgos que coinciden con investigaciones previas que subrayan la necesidad de metodologías participativas para comprender las experiencias de niños y niñas en contextos migratorios. En este sentido, la estrategia permitió a las instituciones educativas ampliar la comprensión de la escolarización como un proceso que trasciende la integración formal y exige enfoques curriculares sensibles a las trayectorias de movilidad.

Finalmente, la metáfora de la infancia en burbuja permitió expresar cómo los esquemas de protección desplegados por los adultos durante la travesía migratoria median la experiencia infantil, condicionando las representaciones que niños y niñas construyen sobre la movilidad y el desarraigo. No obstante, los resultados muestran que estos esquemas no anulan la capacidad narrativa de la infancia, que resignifica la experiencia migratoria a partir de relatos propios. En este escenario, la escuela se configura como un espacio clave donde convergen estos repertorios y donde se disputan formas de reconocimiento e inclusión, particularmente frente a dinámicas de exclusión y aporofobia que atraviesan la experiencia escolar de las infancias migrantes.

 

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[1] La estrategia está inspirada en los “núcleos de educación social” NES, una propuesta desarrollada en el año 2011 para abordar a población vulnerable en contextos educativos. Estos cuatro momentos se inspiran en NES por la potencia que tiene para el trabajo en contextos de complejidad social.

[2] Situaciones que marcan hitos en las trayectorias de vida, se trata de eventos que provocan fuertes modificaciones que, a su vez, se traducen en virajes en la dirección del curso de vida, se presenta un cambio que implica la discontinuidad en una o más de las trayectorias sociales de las infancias que migran. (Linares y Forero. 2025. P.166)

[3] El Mosaic approach o estrategia mosaico. Para el trabajo en grupos focales se incluyen: retrato social, autorretrato, juegos de roles y mapping. Lo anterior, porque la aplicación de una sola actividad no es suficiente para alcanzar el objetivo del instrumento. Las didácticas mencionadas conforman un mosaico que al mismo tiempo estructura la escucha. Es de aclarar que el “Mosaic approach” es un enfoque flexible que puede acoplarse en pro de la comprensión de las voces de los niños y niñas

[4] Los Nuevos Bogotanos, como ha denominado la anterior alcaldesa del distrito, Claudia López a los migrantes, cuentan con una política pública para migrantes, una hoja de ruta que define la planeación, la orientación de los procesos con una visión de largo plazo y que se adapta a los cambios frente a realidades sociales dinámicas. (Secretaría de Integración Social. s.f.)

[5] Concepto Bourdesiano que explica los intereses y apuestas que realiza un agente, en este caso los migrantes para entrar a jugar en un espacio social.